Para no quedarse en la superficie: el uso de los conocimientos de la comunidad, los datos espaciales y las verificaciones subacuáticas para reforzar la auditoría medioambiental
Autora principal: Aminath Nausha, Coautores: Hussain Niyazy, Ibrahim Aiman, Mohamed Ibrahim Jaleel, Aminath Muaza, Oficina del Auditor General de Maldivas
Introducción
Las auditorías medioambientales, especialmente en áreas marinas protegidas, plantean una serie de desafíos a la hora de obtener evidencia fiable, ya que las condiciones medioambientales suelen evolucionar de forma gradual y no quedar reflejadas por completo en los registros de seguimiento rutinarios. Estos retos pueden hacer necesario adoptar un enfoque que no quede reducido a los métodos de auditoría convencionales.
Durante la auditoría medioambiental de los mecanismos de gobernanza y coordinación en las áreas protegidas de la Reserva de la Biosfera del Atolón Baa, el equipo de auditoría se encontró con cuestiones imposibles de resolver por completo mediante el mero examen de la documentación. Abordar estas cuestiones requirió enfoques innovadores que después, en última instancia, fueron los que dieron solidez a los hallazgos de auditoría, pues permitieron a nuestro equipo validar de forma independiente las observaciones de las partes interesadas, reforzar la base de la evidencia de auditoría e identificar problemas que, de otro modo, podrían haber pasado desapercibidos.
En el presente artículo compartimos nuestra experiencia con la integración de distintas técnicas en una auditoría medioambiental y explicamos cómo incorporamos otros métodos de verificación, partiendo de unos recursos limitados y de un entorno complejo y dinámico.
Objetivo y alcance de la auditoría
La auditoría tenía por objeto valorar la efectividad de los mecanismos de gobernanza y coordinación utilizados para la gestión de las áreas protegidas dentro de la Reserva de la Biosfera del Atolón Baa en el período 2015-2024, examinándose tanto las zonas protegidas terrestres como las marinas.
A fin de familiarizarse con el sistema, el equipo de auditoría empezó con la revisión de la documentación relevante, incluidas las políticas, los informes de seguimiento y los marcos regulatorios, y mantuvo entrevistas con las partes interesadas institucionales clave.
En el marco de una iniciativa dirigida a potenciar la participación de la comunidad en el proceso de auditoría, el equipo auditor organizó debates de grupos focales con las principales partes interesadas de todo el atolón, entre las que se encontraban buceadores, agricultores, pescadores, propietarios de casas de huéspedes, representantes de complejos turísticos y de los consejos locales. Paralelamente, se realizaron encuestas de percepción para recabar la opinión general de la ciudadanía sobre el tema sometido a auditoria. Los debates proporcionaron una información muy valiosa y pusieron de manifiesto cambios notables en las áreas protegidas del atolón. Uno de los más significativos fue la desaparición de la isla de B. Bathalaa, que formaba parte de un área que había sido clasificada como protegida el 5 de junio de 2011. Esto supuso un punto de inflexión en la fiscalización, y los conocimientos de las partes interesadas se convirtieron en el detonante de investigaciones adicionales.

Obtención de una visión de conjunto
Si bien las entrevistas a las partes interesadas y el análisis de la documentación resultaron esenciales, también quedaron pendientes algunas cuestiones. Entre las distintas instituciones, la información estaba fragmentada y algunos registros presentaban incoherencias o estaban incompletos. Varias partes interesadas dieron cuenta de cambios observados en el medio ambiente a lo largo del tiempo, pero apenas existía evidencia que documentara su alcance o una posible respuesta por parte de los organismos de monitoreo.
Dadas estas limitaciones, el equipo de auditoría decidió ampliar la base de evidencia y no quedarse en la mera verificación de documentos, buscando así obtener una visión más global. Esto supuso identificar métodos alternativos que pudieran proporcionar información independiente, objetiva y referenciada en el tiempo para complementar las observaciones de las partes interesadas, lo que condujo a la incorporación de análisis geoespaciales a partir de imágenes satelitales y, posteriormente, a una verificación sobre el terreno.
Perspectiva aérea
Las imágenes por satélite constituyeron una base fundamental para el análisis preliminar. El análisis de series temporales de las áreas protegidas se llevó a cabo utilizando imágenes de ESRI Wayback World Imagery y Google Earth desde la década de 1990 en adelante, a efectos de valorar los cambios en las características del litoral y en la superficie terrestre durante ese período. Una observación destacada coincidió con la información facilitada por las partes interesadas: una pequeña isla, conocida como B. Bathalaa, ya no existía en las imágenes más recientes.

Para evaluar si este cambio podría ser atribuible a la morfodinámica natural de la isla, el equipo extendió el análisis de las series temporales a las islas de los alrededores. Sin embargo, en las islas vecinas no se apreciaron cambios comparables, lo que hacía pensar que era poco probable que los procesos naturales por sí solos pudieran explicar esta desaparición –apuntando todo a la posible influencia de actividades antropogénicas–. De hecho, un análisis más detallado del desarrollo de las infraestructuras y de las modificaciones físicas reveló evidencias de obras de protección costera alrededor de la isla. Este análisis, a su vez, contribuyó a profundizar en la investigación y ayudó a identificar el lugar que debía inspeccionarse físicamente.
Validación de hallazgos mediante exploración subacuática
El análisis espacial mostró posibles obras de protección costera a lo largo del litoral de la isla. Para verificar esta observación, se mantuvo reuniones con la autoridad responsable del monitoreo del área. El organismo confirmó el hallazgo y aportó evidencia de una inspección efectuada en su momento como respuesta a una denuncia pública. Durante dicha inspección, se habían registrado trabajos de protección costera en curso.


Sin embargo, y debido a que la isla estaba arrendada, no se había tomado ninguna otra medida, salvo enviar una notificación informal a la autoridad de monitoreo correspondiente. Aunque estas consultas vinieron a reforzar y corroborar el análisis espacial, la falta de pruebas fotográficas hizo necesaria una investigación adicional.
Así, el equipo procedió a inspecciones visuales subacuáticas en áreas seleccionadas e identificadas mediante el análisis geoespacial. Localizar las áreas exactas de la infraestructura costera resultó complicado debido a la falta de apoyo por medio de vehículos aéreos no tripulados (drones) y a las fuertes corrientes en la laguna, que obligaron al equipo a bucear durante largo tiempo con esnórquel en aguas abiertas.
A pesar de todos estos retos, finalmente se encontró evidencia de medidas de protección costera bajo la superficie del agua, identificando restos sumergidos de obras estructurales. El examen subsiguiente mostró que no se habían realizado ni los estudios de viabilidad ni las evaluaciones de impacto ambiental correspondientes, y que las autoridades competentes no habían concedido permiso alguno para las modificaciones costeras emprendidas en la isla.
Las fotografías, las observaciones y los datos de localización recopilados durante las inspecciones fueron documentados minuciosamente. El hecho de haber explorado la zona directamente mediante snorkeling, en vez de basarse únicamente en información de segunda mano, aportó un valor añadido a los hallazgos. La evidencia obtenida fue contrastada con otras pruebas de auditoría. La combinación de imágenes satelitales, evidencia documental, entrevistas a las partes interesadas y observaciones subacuáticas proporcionó una visión mucho más clara de lo que había ocurrido dentro del área protegida.
Y, lo que es más importante, permitió al equipo de auditoría no quedarse en suposiciones y llegar a hallazgos respaldados por múltiples fuentes de evidencia independientes.
Las raíces del problema
Falta de coherencia en las políticas y la gobernanza
Las responsabilidades en materia de administración, conservación y desarrollo turístico insular se encuentran repartidas entre múltiples entidades gubernamentales. La auditoría descubrió que los mandatos, la coherencia de las políticas y los mecanismos de coordinación no eran lo suficientemente efectivos como para garantizar que las decisiones se ajustaran de forma sistemática a los requerimientos de las áreas protegidas. Esta fue una de las razones principales por las que en su momento se llegara a ceder la isla en arrendamiento y se pudieran producir actividades de desarrollo en ella después de su declaración como área protegida.
Incumplimiento de regulaciones relevantes
No se recabaron evaluaciones medioambientales, ni permisos de proyecto ni estudios adecuados antes de emprender las obras de protección costera y de modificación de la isla. La ausencia de estas salvaguardias regulatorias no permitió considerar los posibles impactos medioambientales que, de otro modo, se habrían señalado. Las evaluaciones posteriores realizadas por la Autoridad Reguladora de Medio Ambiente identificaron las obras de protección costera no autorizadas como un factor que probablemente contribuyó a la erosión de la isla.

Debilidades en la documentación y la supervisión de la regulación
Los procesos de monitoreo, documentación y ejecución no eran lo suficientemente robustos como para respaldar una actuación reguladora oportuna. La entidad responsable de la gestión del área protegida del atolón B., aunque llevó a cabo inspecciones para atender la denuncia pública recibida en relación con unas obras acometidas en la isla, no elaboró un informe formal con la debida evidencia. El organismo regulador no adoptó medidas oportunas en respuesta a la denuncia y, debido al limitado seguimiento de la misma, quedó reducida la efectividad de los mecanismos de supervisión y debilitada la rendición de cuentas sobre las actividades realizadas en la isla de Bathala.
Conclusión
La auditoría, que comenzó como una evaluación de la gobernanza y la coordinación en un área marina protegida, al final acabó explorando nuevas formas de obtener evidencias y comprender los cambios medioambientales.
Con la combinación de imágenes por satélite y la verificación subacuática, el equipo de auditoría pudo identificar cambios no documentados, validar observaciones clave y reforzar la calidad general de los hallazgos de auditoría. Visto desde una perspectiva más amplia, la experiencia nos ha demostrado cómo la innovación puede surgir de una necesidad práctica y cómo los enfoques de auditoría adaptativos pueden ayudar a las EFS a mantener su efectividad.